Hola!
Los amigos de la radio me han hecho llegar copia de los programas donde he intervenido, así que los iré subiendo a ratitos para que podáis escucharlos.
Os dejo, que voy de craneo.
Hola!
Los amigos de la radio me han hecho llegar copia de los programas donde he intervenido, así que los iré subiendo a ratitos para que podáis escucharlos.
Os dejo, que voy de craneo.
Que la mujer no es un objeto es algo que, a estas alturas, debería estar claro.
Otra cosa es que muchas de nosotras seamos las primeras en tratarnos
como tal, pero de eso ya hablaremos largo y tendido en otro momento.
Lo que sí que puedo decir, como Personal Shopper, es que, puestas a
cosificarnos, es importante elegir bien. Porque no es lo mismo ser
objeto de deseo, que no está mal de vez en cuando, digan lo que digan
las hipócritas de turno, que ser una campana, aunque las dos cosas
estén ahí para tocarlas. Tampoco es lo mismo ser una mujer con curvas
que ser un diábolo, y por supuesto, no es igual ser delgada que ser
cilíndrica.
Porque, digan lo que digan los estudios, la que se puede armar en las
tiendas es gorda. O acampanada, por seguirles el juego con la dichosa
morfología.
Sólo tenemos que visualizarlo para ver por dónde van los tiros:
Entramos a la tienda, echamos un vistazo, cogemos un pantalón que nos
gusta y le preguntamos a la dependienta si está disponible en nuestra
talla. La dependienta nos mira de arriba abajo y le dice a la
encargada: Nena, tengo aquí un diábolo que me ha traído un pantalón
cilindro, ¿está disponible para su raza o le endoso otra cosa?
Para que luego digan que lo de Buñuel es surrealista.
Eso por no mencionar el juego que dará en las discusiones entre amigas:
-¿Sabes lo que te digo, guapa? Que vas de diábolo por la vida y eres
un queso de bola.
-¿Qué dices, cilindro de pacotilla? Si te pasas el día presumiendo de
culo y lo que tienes son dos piernas que te cuelgan del cuello.
Y así hasta el infinito.
Podría haber sido peor, está claro; podría haberles dado por llamarnos
bolas de billar, Cheetos, fideos, rosquilletas o embutido de la
tierra, pero, se mire por donde se mire, la cosa es absurda.
Si a eso le sumamos la maldita puesta a punto que acompaña a la
primavera, podemos echarnos a temblar.
¿Se imaginan la clase de publicidad que vamos a tener que soportar si
esta estupidez trasciende? ¿Anunciarán campanas silvestres? ¿Diábolos
floreados? ¿Cilindros primaverales?
¡Ya es primavera en el Corte Inglés, cilíndralo con nosotros!
Como si no tuviésemos bastante con el bombardeo habitual, que nos
invita a disfrazarnos de premamás multicolor, a hacer dieta, a ir al
gimnasio y a hacer por nuestro aspecto todo lo que no hacemos durante
el año, como para encima tener que aguantar que, en las tiendas, a
alguna dependienta le de por meternos en uno de los tres grupos que,
según los expertos, existen en este festival del humor sin pausa en el
que nos ha tocado vivir.
Por otra parte, no les voy a engañar, me he divertido cosa mala
observando las distintas reacciones.
Los diseñadores, como siempre que tienen ocasión, se han mosqueado.
Otros se lo han tomado con humor y otros han pasado del tema,
enfocándolo como algo que no llegará a ningún puerto. La verdad es que
no los imagino haciendo tres formas distintas para cada prenda, o una
línea exclusiva para cada morfotipo. Además, ¿Qué pasa con las
modistas de toda la vida? ¿La gente ha olvidado que las prendas pueden
arreglarse al gusto?
Lo más curioso es que a otros sectores del mundillo les ha hecho
gracia el asunto. Inditex, Carrefour, Mango, El Corte Inglés y la
Asociación de Creadores de Moda, dicen estar encantados con la medida.
¿Alguien entiende algo?
Yo tampoco.
Por supuesto algunas modelos han aprovechado para salir con aquello
del no somos un objeto. Y sí, lo sé, que lo digan ellas es curioso,
pero bueno, así está el panorama. Otras lo han tomado con mejor humor
y han hecho comentarios divertidos al respecto. Laura Sánchez, una de
las elegidas como estandarte de las mujeres cilindro, bromeó sobre el
asunto pidiendo que, por favor, ya que se ponen, alarguen los
pantalones y las mangas de las camisas, para que las mujeres altas
dejen de sufrir la ropa y empiecen a disfrutarla.
Y claro, tengo amigos que andan riéndose con el asunto de la
morfología, porque reconozcámoslo, es para reírse. Aunque no puedo
evitar preguntarme si se reirán tanto cuando les toqué el turno a
ellos.
¿Bombilla? ¿Croissant? ¿Perchero?
Me muero de curiosidad por ver con qué los comparan.
Al menos, esta primavera, nos hemos librado de la morfología y sólo
tenemos que pelear contra el agobio mediático de siempre, pero, si la
cosa llega a las tiendas y se sustituyen las tallas por esta
aberración, vamos a tener mucha guerra por delante.
Y aquí estaremos, en primera línea.
Como siempre.
La democracia es curiosa.
El sexo vende.
Todavía tengo la cabeza dando vueltas por el viaje a Cibeles. El bombardeo electoral no está ayudando nada de nada a que me reponga.
En cuanto tenga un rato me siento a escribir y os cuento.
Es inevitable.
No importa con qué tema empecemos, ni todas las cosas que tengamos que contarnos.
Al final, siempre -y cuando digo siempre no quiero decir algunas veces-, terminamos hablando de lo mismo.
El dichoso hombre ideal.
El único motivo por el que mis amigas no salen a veces volando por la ventana es ese; que son mis amigas. Ya me entendéis.
Por lo menos la cena estuvo bien. Los astros se alinearon y me encontré con la noche libre, así que hice lo que cualquier mujer en su sano juicio haría: salir con las amigas. Si llego a saber que íbamos a meternos, una vez más, en un debate estéril, me hubiese llevado el ipod. Así al menos hubiese escuchado algo interesante.
Las quiero mucho, de verdad, pero… ¿Cómo pueden soltar todas esas chorradas sobre que la belleza no es lo más importante y luego pasarse el día echando la baba con los modelos de revista? La belleza no es lo más importante, dicen.
Menudas hipócritas.
Tendríais que verlas frente a una revista de modelos masculinos. Qué abdominales, Mari, son como una tableta de chocolate.
De chocolate, sí, del negro, puro, sin leche ni nada. No como la de chocolate fundido que tienes en casa, bonita.
Encima, para rematar, te salen con lo de que lo importante es que sea atractivo.
A ver, nena, ¿tú sabes la de cosas que caben en ese adjetivo?
Porque yo lo tengo claro, pero oyéndote diría que no estás demasiado centrada. Más que nada porque metes en el mismo saco a tuneros ciclados con amor a los monosílabos y a chicos Clooney de los que coleccionan polos del caballito y ceritos de seis en seis.
Toma variedad.
Y ya para terminar de arreglarlo te saltan con lo de la belleza interior.
¿Belleza interior?, si tiene belleza interior hazme el favor de darle la vuelta como a un pulpo, oye, que una tiene las retinas sensibles.
Eso sí, a la hora de la verdad, se me pirran por los multimarca y los tíos que usan más cremas que ellas.
Porque el atractivo no es lo más importante, dicen.
Menuda pandilla me ha tocado.
Menos mal que las quiero. Menos cuando me tocan este tema, que me paso el día siguiente despotricando, hasta que consigo verlas otra vez con buenos ojos.
Por lo menos tengo esta columna, así me desahogo.
Yo, por mi parte, lo tengo cada día más claro; paso del hombre perfecto.
Lo que quiero, y eso es justo lo que les dije a ellas anoche, es un perfecto imperfecto.
En lo personal quiero que sus imperfecciones se lleven bien con las mías, y sobre todo que no me quepa en palabras.
Es lo único que pido a alguien especial; ser incapaz de explicar lo especial que es.
En cuanto a moda, lo que pido es un poco más amplio: que no sea un escaparate andante, ni sospechoso de cobrar comisiones del diseñador de turno por llevar de marca hasta el blanco del ojo. Quiero que tenga su propio estilo, que le eche imaginación y que sepa mezclar, desde prendas de diseño hasta cosas de segunda mano, pasando por el vintage, temporadas anteriores y, si me apuras, hasta el kitsch. Que tenga su personalidad, su carácter y que sepa reflejarlo sin tener que acudir, con la sirena de emergencia puesta, a ningún catálogo de tendencias. Y, por favor, que use ropa interior bonita, que una está harta de perder algo más que la lívido cada vez que uno de esos supuestos hombres diez se baja los pantalones y muestra lo que él considera unos bonitos calzoncillos.
Al final salimos a tomar unas copas para bajar la cena y me encontré con Quique, que, contra todo pronóstico, sigue afirmando que es soltero.
No iban a ser mis amigas las únicas con contradicciones.
Seguimos, por supuesto, con el tema de la pareja ideal, porque ya metidos en materia hace falta salfumán y rasqueta para que lo dejemos estar, así que le pregunté por su mujer ideal.
Al menos no fue tan directo a los estereotipos. Siempre ha tenido facilidad de palabra, así que dio muchas vueltas hasta llegar a la conclusión de que no podía describir a su mujer ideal, aunque me llamó mucho la atención que casi todo lo que dijo tenía que ver con el carácter y la forma de ser.
Mis amigas, sin embargo, se centraron en el aspecto de su hombre ideal.
Es algo sobre lo que tengo que pensar.
Lo haré mientras mordisqueo una tableta de chocolate, de camino al trabajo.
Esto es el caos y hay que ponerle orden.
Así que, siguiendo el consejo de una amiga, voy a escribir un blog.
A ver si es verdad que relaja, que falta me hace.